—Elena, despierta por favor, ¡ya llegamos!
Alguien la despertó en ese instante, Elena parpadeó confundida y vio a Silvio sonriéndole. Se quedó por un momento aturdido antes de reaccionar.
Le echó una mirada fulminante: —Todo es tu culpa, si no fuera por ti anoche...
No solo le había dejado las manos adoloridas, sino que tampoco la dejó dormir en lo absoluto, lo que resultó en que esta mañana la alarma la despertara aún medio dormida.
Por suerte, Silvio, al verla así, se sintió un poco culpable