Ella apretó las manos temblorosa, sintiendo un ligero sudor en las palmas, mientras la inquietud inundaba por completo su mente como una marea creciente. No sabía qué tipo de ofensiva él estaba a punto de lanzar.
—Por favor, cálmate un poco, no estoy tomando partido por ninguno. Solo quiero que hablemos de los hechos, — dijo Elena con una voz tranquila, intentando aliviar un poco la tensión.
—Está bien, ya que vamos a hablar de los hechos, te haré entender cuán parcial es tu juicio.
Arrastró un