POV Alejandro
Ver a Íñigo Arrieta tirado en el suelo, golpeado, con la sangre chorreándole por la barbilla y la dignidad hecha pedazos frente a las cámaras, me provocó un asco que apenas podía contener.
No era satisfacción lo que sentía, era el deseo de terminar lo que Leonardo había empezado. Pero me obligué a quedarme quieto, tenía la mano de Sofía apretada en la mía y sentía cómo temblaba. Su miedo era lo único que me frenaba de patearle las costillas a ese imbécil hasta que olvidara su mald