El zumbido de los bajos hacía vibrar las vigas de acero de la nave industrial abandonada, un latido gutural que se colaba por la suela de mis botas y me subía por las piernas hasta instalarse en el centro del pecho. Habían pasado apenas tres semanas desde la amenaza de la reina negra partida por la mitad, y en ese tiempo, mi antigua vida se había desintegrado por completo para dar paso a la maquinaria de mi nuevo imperio.
Me encontraba de pie en una pasarela metálica, observando el caos control