Pese a que lo estuvo pensando durante todo el día, Ivania se sintió incapaz de escribirle a Mario y decirle que no era necesario que pasara por ella esa noche, así que, a la salida del turno, el vehículo de Mario estaba esperándola, estacionado frente al negocio. Solo esperaba que a Jaime no se le ocurriera la genial idea de pasarse también por la panadería y la viera subiéndose al mismo auto que la recogía en las mañanas.
—Me temo que esto ya no es conveniente —dijo Ivania después de dirigirle