Madison
No quería dejar al señor Fairchild solo cuando apenas son las ocho de la mañana, pero la llamada que he recibido requiere que deje todo de urgencia. Salgo apresurada de la casa y tomo el primer taxi que veo. No pensaba aceptar su dinero, sin embargo, debo reconocer que me viene bien para la situación.
Cuando eres madre, es una de esas llamadas que no quieres recibir. Del colegio de Caleb me habían marcado para decirme que le ha pasado algo grave. Sinceramente no pude escuchar más allá d