MARIO
Debo mantenerarme despierto.
Son casi las tres de la mañana.
Mis ojos se están rebelando. Mis extremidades se duermen sin mi permiso. Sigo despertándome de micro-siestas, pero me niego a dejarme vencer por el sueño.
Si lo hago, sé que volverá a marcharse a escondidas.
Pero la tomé en la sala.
Luego la tomé en el pasillo.
Después otra vez presionada contra el refrigerador y sobre la barra de la cocina.
Cada habitación en la que entrábamos tenía que ser bautizada.
Mi miembro parecía tener m