PILAR
—¿Señor Farías? —pregunto, sin estar muy segura de qué quiere que haga. Esta posición me es totalmente ajena. Estoy dispuesta a probar cualquier cosa una vez, pero esto parece físicamente imposible.
Su mano cae sobre mi trasero, luego en mi cadera, atrayéndome ligeramente hacia él. Sus labios —sus dientes— juegan con la parte posterior de mi muslo.
—Inclínate y sácame el alma del cuerpo, señorita Silva —su voz es puro escombro y fuerza—. Apoya tu preciosa coqueta contra mi rostro. Asfíxia