PILAR
Finalmente he aceptado una cruda y brutal verdad de la vida que pensé que podría evitar para siempre: cinco margaritas son demasiadas.
Lo eran cuando estaba en mis veintes y definitivamente lo son ahora. La cabeza me da vueltas cuando mis ojos cubiertos de lagañas finalmente se abren y miro con dificultad a mi alrededor en la habitación de Mario. El hombre inteligente eligió un dormitorio en el lado noreste del penthouse, así que hay luz solar pero no es cegadora. Además, me he despertado