PILAR
Estoy en el segundo nivel cuando escucho la voz de Salamí inundar el departamento. Está enojada. Furiosa, de hecho. Me detengo en el descanso de las escaleras para escuchar.
—¿Qué demonios, Mario? —le espeta, entrando a la fuerza como si esta siguiera siendo su casa.
Pfft, pienso, esto no es la casa de nadie. No realmente.
Me reprimo a mí misma por tener ese monólogo interno tan injusto, aunque sea verdad. Es que... no hay absolutamente ningún toque personal aquí, al menos que yo haya vis