Miel
Santos miró en mi dirección a medida que el clic de mis tacones se acercaba más, con su mirada fija en la mía. Me forcé a mí misma a pensar en anoche, a pensar en qué se sentía tener sus manos en mi cuerpo, su toque en mi piel. Pensé en sus dedos acariciando y explorando entre mis piernas, sus gemidos guturales mientras él disparaba cintas de semen sobre mis bragas de seda. Pensar en ello me dio valor. Me dio la fortaleza que necesitaba para dar cada paso con pura confianza y porte sensual