Santos
Aspiré aire a través de los dientes, con su mensaje recibido alto y claro. Pero me negué a dejar que me inquietara, que me hiciera perder de vista lo que me había propuesto lograr desde el día en que salí de la mansión de mi padre.
—Hice un voto, una promesa por la cual había comenzado esta guerra. Y con Dios como mi testigo, ganaré esta guerra, y ella valdrá cada gota de sangre que cubra mis manos. Y Miel —incliné la cabeza, endurecí mi expresión—, ella no es más que el arma que usaré p