Yo no dormí.
¿Cómo podría?
En cambio me senté en la enorme cama del comandante, seguían siendo las mismas sábanas sobre las que habíamos estado acostados, pasé mis manos por la suave tela y recordé esos breves momentos de felicidad, el dulce sabor de su beso, sus manos sobre mí, mi corazón se estaba rompiendo porque incluso con las palabras de Lance Chase acerca de que el comandante no podía protegerme, ella seguía siendo mi esposo. Y desde que lo conocí me había salvado la vida.
Y lo amaba pro