Noelia conducía la camioneta del hermano de su jefa, seguía sin poder creer eso, en una ciudad que ella no conocía en lo absoluto. Por segundos observaba a un supuesto Leonel dormido, llevaba rato preguntándole su dirección y seguía sin responder, no sabía si reír o decirle unas cuantas palabras a ese hombre tan guapo e infantil.
Su corazón latía sin parar, solo pensar en que podrían estar solos en un mismo lugar.
—No se haga el dormido —reclamó Noelia por vigésima vez, esta vez en tono molesto