Capítulo 8 —La Grabación de la Infamia
El silencio del despacho se volvió denso, cargado de una electricidad estática que amenazaba con incinerarlos. Sergio ya no necesitaba palabras; el discurso de redención había hecho su trabajo y Maribel estaba allí, hundida en el cuero del sillón, con la guardia demolida por la esperanza. Él la acorraló contra el respaldo, asegurándose de que su cuerpo quedara perfectamente expuesto ante el lente oculto en la estantería.
Sus manos, expertas y crueles, subie