Capítulo 75—Confesiones
El calor de las brasas agonizantes empezó a ceder ante el frío de la madrugada que se colaba por los ventanales del salón, pero sobre la inmensa alfombra de lana, el aire seguía cargado de una vibración densa. El silencio que se instaló en el casco de la finca era absoluto, interrumpido únicamente por el compás lento de sus propias respiraciones que buscaban estabilizarse tras el torbellino de la entrega. Maribel permanecía tumbada de lado, con la piel encendida y la cabe