Capítulo 74 —El calor de la madera
La noche terminó por imponerse con una quietud densa y helada que parecía congelar los cristales de la finca. Tras la cena y el torbellino de emociones que había dejado la pregunta de Pedro, llegó el momento de retirarse a descansar. En el distribuidor de la planta alta, frente a las dos únicas puertas de la propiedad, Maribel observó a Sergio, que ya llevaba los pantalones de chándal gris y sostenía la mano de un Pedro visiblemente somnoliento.
Sintiéndose de