56. Sentencia del destino.
Jimena estaba sentada en esas duras y frías sillas de plástico. Solo escuchaba el «tic tac» del reloj que colgaba por encima de su cabeza. Las manos le sudaban y tenía náuseas. Era presa del estrés.
—Tranquila… Todo estará bien —dijo Louis a su lado.
—¿Te aseguraste de que la muestra estuviera bien tomada?
—¡Cariño! ¡Soy experto tomando muestras! —exclamó divertido hasta que la enfermera de recepción lo vio con reproche por alzar la voz—. Todo saldrá bien. Además, escuchaste la confesión de