Dosis De Realidad II 14.
—Niña estúpida, yo soy tu dueño, me debes esta vida y parte de la otra y, ¿Crees que con un sueldo mediocre vas a saldar tu deuda.
Tembló de ira ante lo dicho por ese hombre, ya no estaba tras su escritorio. Ahora la sostenía con fuerza del cuello, abrió sus ojos y la expresión de aquel hombre la aterrorizó, si no le soltaba rápido ella creía iba a morir.
—Sueltame —dijo con voz gutural apenas audible, comenzó a clavar las uñas en las manos de Fabrizio pero este no mostró ni un apice en querer