El despertador sonaba. Noa tanteaba buscando el infernal aparato para callarlo. Logró apagarlo para volver a envolverse en las cálidas cobijas. Cinco minutos después, la morena recordó que debía levantarse. Apresurada, dio una patada para quitarse las cobijas de encima. Entró al baño para alistarse; se lavó los dientes para luego darse una ducha rápida. —¡Carajo! —exclamó molesta—, Noa, justo en tu primer día, cómo vas a quedarte dormida... Guardó silencio. Alguien tocaba la puerta. Terminó de abotonar su camisa para acto seguido abrir la puerta. —Buenos días —saludó Noa—, Lilly, ya sé que desperté tarde, ya voy, sí, solo dame... —No te preocupes —dijo la doméstica, con una sonrisa, esperando que Noa se calmara. La morena no dejaba de hablar, así que la chica decidió tomar la palabra—, no te preocupes, no es tarde, Noa. Solo vine a darte un recado de parte del señor Von Parker. Al escuchar aquello, Noa guardó silencio, esperando el recado de parte de Lilly. —Bueno, está bien. —E
Leer más