PUNTO DE VISTA DE ELARA
Tres días de fría cortesía parecen ser mi límite.
Desde aquella cena en la mansión Vale, Sebastián me ha estado evitando. Se esconde en su estudio durante las comidas, dice que tiene trabajo importante que hacer cuando entro en una habitación y, en general, actúa como si fuera una intrusa en lugar de la mujer a la que presentó públicamente como su esposa. Me está volviendo loca.
He intentado darle espacio, he intentado respetar cualquier límite que aparentemente haya traspasado al hablar con Tristan. Pero el silencio es peor que la ira. Al menos la ira sería sincera.
Así que, mientras deambulo por los interminables pasillos de la finca en la tercera mañana, sintiéndome inquieta y molesta, no me siento demasiado culpable por abrir puertas que probablemente no debería abrir.
La mayoría de las habitaciones son lo que cabría esperar: suites para invitados, salones y una biblioteca que parece pertenecer a una pequeña universidad. Pero entonces lo encuentro, escondi