11. La guerra de miradas en el espejo retrovisor
Los restos de la ira por haber fallado en su intento de escabullirse anoche aún ardían en el pecho de Noah a la mañana siguiente. Los pasos de la Reina de Hielo resonaban con fuerza, rompiendo el silencio del aparcamiento subterráneo del penthouse. Su traje gris oscuro se ajustaba a la perfección a su esbelta figura. Hoy se decidiría su destino. La reunión preparatoria de los accionistas comenzaría en cuestión de horas.
Nathan Alexander ya estaba de pie, erguido, junto a la puerta del pasajero