Isabella se aferró con fuerza del brazo de Máximo cuando vio entrar a esa mujer, su cara de confusión e incredulidad de inmediato llamó la atención de su esposo.
— ¿Isabella? — Susurró Máximo, preocupado por la joven que veía fijo a la desconocida, con los ojos abiertos de par en par.
— Max… Yo… Yo la conozco… — Balbuceó Isabella, perpleja.
— ¿Qué?
— Ella es… Es la madre de Diego.
— ¿Diego?, ¿Diego, mi empleado?, ¿el mismo que te cuidó en el extranjero? — Preguntó Máximo en un hilo de voz. Isab