— ¿Max? — Balbuceó Isabella sintiendo como se le detenía el corazón.
En un instante, los fuertes brazos de Máximo la alcanzaron para apretarla contra su pecho, en un vigoroso abrazo, que dejó a Isabella sin aliento.
Todos a su alrededor los observaban perplejos, sin embargo, para Máximo e Isabella, desaparecieron, no había nadie más que el uno y el otro.
Máximo había pasado un mes, un eterno y larguísimo mes sin verla, sin tocarla, sin besarla, sin olerla y la extrañaba, ¡Por Dios, como la extr