A la mañana siguiente, el crucero llegó al embarcadero y una fila de autos lujosos esperaban frente al edificio del puerto.
Desde muy temprano, Isabella preparó su maleta, ya no llevaba el pequeño bolsito sucio y rasgado, había conseguido una maleta nueva y grande en la boutique, dónde pudo guardar todas sus nuevas prendas.
Desde la larga conversación que tuvo con su abuela la noche anterior, luego de aceptar su triste destino en un matrimonio arreglado, la chica no había vuelto a ver a Marga