AMARA
“No puedes complacer a un hombre,” repitió Maddox, estampando las palabras de vuelta contra mí sin ninguna misericordia. Ladeó la cabeza levemente. “¿Por qué?”
Mis mejillas ardieron, el calor viajando hasta cada centímetro de mi cuerpo. La incomodidad desató una tormenta en mi estómago. ¿Estaba intentando hacerme morir de vergüenza?
Bajé la mirada. “Yo… simplemente no puedo.”
“¿Qué cosas te pide Simon que le hagas?”
“¿Por qué es relevante eso?” solté. Luego recordé en cuya presencia estab