AMARA
La cocina estaba envuelta en completo silencio para cuando Aegon y yo nos escurrimos adentro, la oscuridad rota solo por el pálido resplandor de la luz de luna derramándose a través de las ventanas altas. Cada estante, cada mostrador, cada olla colgante parecía congelado en su lugar, como si la habitación misma estuviera dormida y esperando pillarnos infringiendo.
Extrañamente, eso solo lo hacía más emocionante.
Miré por encima del hombro hacia Aegon mientras cerraba cuidadosamente la pue