Silvia entró a trompicones en su cabaña con las piernas temblorosas. Su visión estaba completamente borrosa mientras sangre caliente seguía saliendo de sus heridas. Intentó entrar más, pero sus piernas cedieron y cayó al suelo de madera con un ruido sordo. Golpearse el costado de la cara contra el suelo.
Parpadeó lentamente tratando de deshacerse del mareo, pero fue inútil. La sangre caliente empezó a formar un pequeño charco alrededor de su oreja. El olor a sangre era tan potente.
Respiró sile