Le palpitaba la cabeza y tenía los párpados pegados. Intentó despertarse, pero ni siquiera podía moverse ni sentir su cuerpo. Todo lo que podía sentir era que podía oír a alguien en la habitación que se movía. Había una fuerza invisible que la pesaba.
Silvia no se molestó en intentarlo. Estaba cansada y rodeada de oscuridad, así que simplemente se rindió una vez más esperando que la muerte la abrazara pacíficamente.
Pero no estaba escrito en su destino. La siguiente vez que recuperó la concienc