Silvia trató de controlar su miedo: tomó respiraciones lentas y profundas para calmar su corazón mientras sus ojos rebotaban para asegurarse de que Armando y sus hombres no estuvieran allí.
Observó mientras todos se preparaban. Estaba parada en la esquina asegurándose de ser pequeña y frágil para que no la notaran. Sus ojos estaban fijos en todos ellos como un halcón. Se dio cuenta de quién llevaba qué tipo de arma. Silvia tenía una idea aproximada del número de guerreros del ejército de Alonso