Silvia entró al almacén que apestaba a cigarrillos y alcohol. El cabello en la nuca de su cuello se erizó ante las burlas familiares que le lanzaban.
Estaba vestida de negro de arriba a abajo. Sus ojos habían perdido el brillo en ellos. Ella fue cautelosa. Su postura era cautelosa y sus ojos observaban mientras se adentraba más en el almacén.
Los hombres de Alonso estaban por todas partes: Silvia respiró hondo cuando vio a Alfa Alonso sentado en un sofá roto en medio de la multitud. Al verla, s