Uno de los hombres de Alonso entró corriendo, jadeando.
—Mi rey, no pudimos encontrar a la princesa y sus hermanastras —informó el chico y la cara de Alonso se agrió.
—¿Qué mierda quieres decir? ¡Búscalas! ¡No podrían haber escapado tan lejos! —Alonso gruñó cuando algunos de sus hombres se apresuraron a atrapar a la princesa.
Silvia se puso rígida al sentir la mirada de Alonso sobre ella. Ella estaba de pie en silencio a su derecha.
—Ven aquí —dijo, torciendo el dedo.
Silenciosamente caminó hac