Bestia inmovilizada.
—Muévete —rechinó Silvia, fulminándolo con la mirada.
—Está bien —reflexionó, y lo siguiente que hizo fue agarrarla por la cintura y colocarla en la isla del mostrador con facilidad, lo que la hizo jadear mientras empujaba su hombro en estado de shock y trató de alejarse, pero él ya estaba parado entre sus piernas.
Si tiene todo el derecho.
—¿Q... qué? —ella tartamudeó cuando él agarró la parte posterior de su cabeza y la atrajo hacia sí, lo que provocó que todo su cuerpo se tensara.
Empujó