Atrayéndola al deseo apasionado.
—¿Quieres que pare? —el gruñó y tiró de ella más cerca.
—S... sí... —tartamudeó.
En lugar de detenerse, Damián se inclinó más cerca mientras sus labios acariciaban su clavícula y luego le dio un beso profundo en el hueco entre su clavícula. No fue eso, él la lamió allí y chupó su piel haciendo sonidos de sobra ganándose un fuerte gemido de ella.
Una de sus manos se movió hacia arriba agarrando la nuca de ella mientras su pulgar acariciaba su piel donde la había mordido hace unos minutos. La pie