CAPÍTULO 86
Tatiana se fue a la habitación de invitados, sentada al borde de la cama con una maleta medio abierta. Tenía los ojos hinchados y la cara cansada. Apenas me vio entrar, se limpió rápido las lágrimas, como si todavía le diera vergüenza llorar delante de mí.
Me quedé unos segundos mirándola antes de acercarme.
—No tienes que esconderte de mí —le dije en voz baja.
Tatiana bajó la mirada y apretó los dedos sobre la ropa que tenía en el regazo.
—Sí tengo —murmuró—. Siempre termino hacien