Ruedo sobre la cama, consciente de que no estoy sola en ella aún si me niego a abrir los ojos.
El cansancio se impulsó en mi ante la paz tan burbujeante de felicidad que me fue compartida el resto del día, durante y tras la barbacoa familiar donde pude conocer un poco más la dinámica de esta extraña familia.
Como las miradas entre los hombres.
Los toques suaves e inocentes que calentaron mi corazón y que creían yo no me daba cuenta de ello.
El brillo cargado de amor y orgullo al ver a sus hijos