—NATALIA—
Una ráfaga cosquilleante de calor asciende por mi cuerpo, erizando mi piel a su paso y activando esa parte recientemente descubierta de mi misma que me sumerge en esta vorágines de deseo y anhelo.
Me remuevo, apretándome inconscientemente contra el calor demandante y suave del hombre que me sujeta entre sus brazos casi posesivamente, desde mi espalda.
Soy consciente de la suavidad tersa de su piel desnuda, de cada musculo firme y esculpido presionando y casi conquistando cada parte de