—ARYEN—
Siempre me resulta difícil alejarme de Badel cuando me he sometido ante él, por eso normalmente suele quedarse conmigo hasta que mi impulso sumiso se desvanezca, consolándome y mimándome, aligerando el peso y la carga vergonzosa de sentirme ultrajado o inferior a él.
Pero esta vez, se siente diferente.
Esta vez cuando mi cuerpo se calma tras el descanso entre sus brazos y nuestra juguetona ducha rápida donde nuestras bocas se entretienen entre fogosos besos, algo más me llama, algo má