CAPÍTULO CUARENTA Y NUEVE
Al principio, fue sutil.
Ella estaba en el campo de entrenamiento, practicando con dos guerreros. Sus movimientos eran precisos, sus golpes limpios. Pero de repente… perdió el equilibrio. Un paso en falso. Una vacilación. La espada en su mano chocó contra el suelo con un clang metálico.
Damian estuvo a su lado en segundos.
—¿Ella?
—Estoy bien —dijo ella, apartándolo con una sonrisa débil—. Solo… me mareé.
Pero no era cierto. Algo se sentía mal. El suelo parecía demasia