CAPÍTULO CINCUENTA
Damian descendió de su semental negro, las botas crujiendo sobre la grava mientras se acercaba a la casa de la manada. El sol se estaba poniendo, pero algo se sentía… extraño. El bullicio habitual de guerreros entrenando, cachorros jugando y omegas preparando la cena estaba ausente.
Demasiado silencio.
Su lobo se removió inquieto en su pecho.
Aún no había cruzado el umbral cuando el Beta Lucian lo interceptó en la puerta, con el rostro pálido y los ojos cargados.
Damian se te