CAPÍTULO CUARENTA Y OCHO
El objeto maldito ahora descansaba dentro de una caja sellada, guardada bajo la protección de Mira, reforzada con capas de runas, sal y hierbas bendecidas por la luna. Aun así, su energía seguía sintiéndose: como un latido de odio palpitando bajo las tablas del suelo.
Ella se encontraba en el centro del salón de reuniones de la manada, su cabello plateado captando la luz de las antorchas mientras guerreros, ancianos y exploradores se reunían a su alrededor. Su aura era