CAPÍTULO CINCUENTA Y UNO
Lucian irrumpió en la residencia del Gamma, con la furia palpitando bajo su piel. Estaba harto de susurros, de sombras acechando detrás de sonrisas amables. Esto era traición: envenenar a la Luna no era solo una traición, era guerra.
Sisi estaba en la sala de estar cuando llegó, sus fieros rizos rojos cayendo delicadamente sobre su hombro, su expresión compuesta —demasiado compuesta—. Su madre y su padre, el Gamma, estaban sentados a su lado, revisando algo; él se tensó