Mundo ficciónIniciar sesiónReyland ladeó la cabeza, frunciendo el ceño.
—Ya lo has dicho antes. No tienes por qué esperar conmigo. Solo te retrasaré. Debes de tener las piernas heladas o entumecidas. Es peor si están entumecidas.
—Están entumecidas —respondió Marian con tono seco.
—¿Qué? ¿Por qué no...? —Reyland la miró fijamente, con sus pequeños ojos muy abiertos y las mejillas temblorosas mientras le temblaban los labios.
Cerró los ojos y aspiró, de nuevo.
—Entra. Yo iré detrás de







