El panel de la sala de juntas parpadeaba con un contador agresivo en rojo: 04:59. Los servidores de la Torre Varela estaban siendo devorados por un virus de borrado masivo. Si el contador llegaba a cero, décadas de registros, patentes y la fortuna de miles de empleados desaparecerían en el vacío binario.
—¡Elena! —la voz de Adrián en la pantalla gigante era un rugido de urgencia—. ¡Tienes que conectar el maletín al puerto maestro! ¡Beatriz puede detener el borrado desde aquí, pero necesita el a