La mañana siguiente al “te quiero” público, el infierno se desató.
Los titulares ocupaban todas las portadas:
“Adrián Varela encubrió el asesinato de su madre” “Elena Varela sabía de la caja vacía y guardó silencio” “¿Matrimonio de amor o de traición?”
Adrián estaba en su oficina, revisando los daños con el equipo de crisis, cuando su teléfono sonó. Era un número desconocido. Contestó en altavoz.
Una voz distorsionada habló:
—Felicidades por la declaración romántica. Muy conmovedora. Pero ahora