Mundo ficciónIniciar sesión—¿Cuánto tiempo más vas a seguir evitándolo? —preguntó Brooke, mirando a Indianna en el reflejo del espejo.
—En realidad no se le puede llamar evitarlo —refunfuñó Indianna mientras se ataba el cabello en una cola de caballo alta. Se levantó de la silla, tomó su chamarra de cuero café de la cama y se la puso—. No cuando termino enferma y con un dolor insoportable cada vez que me alejo de él por mucho tiempo.
—¿Qué hacen entonces? —se preguntó Brooke—. Para detener el dolor, tienen que tocarse. Al menos Harry y yo lo hacemos. Por lo general, nosotros solo fo... —Brooke tosió, e Indianna se rió levemente, rodando los ojos—. Tú y Greyson obviamente no hacen eso, así que ¿cómo hacen para que se te quite el dolor?
—De una forma muy incómoda —murmuró Indianna—. Especialmente cuando cada fibra de mi cuerpo quiere perdonarlo y estar con él. El vínculo es más fuerte ahora que me he transformado. No pensé que pudiera serlo, pero solo hace que lo desee más.
—¿Hace que lo desees lo suficiente como para acostarte con él? —preguntó Brooke, e Indianna se quedó con la boca abierta.
—¡Brooke! —soltó Indianna sin aliento.
—¡Ay, vamos, Indie! Puede que estén peleando, pero he visto cómo lo miras. ¡Incluso en la fiesta del lago! Lo deseas. Va a pasar tarde o temprano.
—Más bien tarde —se sonrojó Indianna, y Brooke se rió entre dientes.
—No estoy de acuerdo —sonrió Brooke, entrelazando su brazo con el de Indianna—. Tengo una buena corazonada.
—Brooke —Indianna frunció el ceño—, estamos peleando en este momento.
—Estoy consciente de eso.
—Entonces, ¿por qué piensas que vamos a tener sexo?
—Sexo de reconciliación, linda.
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Indianna se sentó en el salón de clases y suspiró. Se sentía extraño estar de vuelta en la escuela. Se sentía como una extraña.
Sacó su libreta y esperó a que llegara el profesor. La puntualidad de los profesores en esa escuela seguía siendo una porquería.
—Solo podrás ignorarme por un tiempo —dijo Greyson—. Puedes fingir que no estoy aquí todo lo que quieras, pero no cambiará nada.
Indianna abrió su libreta y empezó a hacer garabatos. Tenía que hacer cualquier cosa para distraerse de Greyson.
Tan solo su presencia hacía que su cuerpo se llenara de chispas. Su aroma era embriagador, y la mano que descansaba sobre el muslo de Indianna le dificultaba enormemente concentrarse en los garabatos que intentaba dibujar.
Indianna ahogó un grito cuando la mano de Greyson subió más por su muslo. Gruñó en voz baja y le apartó la mano de un manotazo.
—No me toques —siseó.
—¿Por qué? ¿Tienes miedo de no querer que me detenga? —dijo Greyson con suficiencia, sabiendo de antemano la respuesta de Indianna.
Indianna ignoró a Greyson y se concentró en sus garabatos. Intentar mantenerse enojada con alguien con quien estaba destinada a estar era difícil.
—Entonces no lo intentes —dijo Greyson.
—¡Salte de mi cabeza! —espetó Indianna.
—Simplemente supera la discusión —dijo Greyson—. Vas a perdonarme tarde o temprano.
—¡Fuiste un completo imbécil! —exclamó Indianna—. ¡No puedes esperar que te perdone por la forma en que me hablaste! ¡Fue horrible, Greyson!
—Y ya te dije que no era mi intención. Soy un Alfa, mi trabajo es estresante y admito que desquité parte de mi enojo contigo. No te merecías eso, y ya te pedí disculpas —dijo Greyson encogiéndose de hombros con desdén.
—¿Puedes al menos actuar como si lo sintieras? ¡Suenas como si te importara una m****a! —dijo Indianna, intentando mantener la voz baja.
—Es porque me estás aplicando la ley del hielo y te estás comportando de forma insoportable por esto. No tiene sentido.
—¡No, claro que no! Simplemente no puedes entender que estás equivocado...
—¡Claro que entiendo que la regué, pero ya te pedí perdón!
—¡Un "perdón" no lo soluciona todo, Greyson! —siseó Indianna.
—¿Así que simplemente vas a comportarte como una perra conmigo? —murmuró Greyson—. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que te hartes de pelear?
—Sí —gruñó Indianna.
—Estás siendo infantil.
—¿Y qué?
Greyson suspiró con frustración y se pasó los dedos por el cabello. —Te lo estás haciendo más difícil a ti misma al intentar estar enojada conmigo.
—No lo estoy intentando. Estoy enojada.
—Lo estás intentando —repitió Greyson—. El vínculo de mate hace que sea extremadamente difícil para los mates mantenerse enojados el uno con el otro. Estás poniendo resistencia.
*Estoy en tu cabeza, cielo. Ni siquiera intentes mentir. Solo te estarías mintiendo a ti misma.*
Indianna apretó los dientes. —Salte —murmuró—. El vínculo hace que te odie todavía más. ¡No tendría todos estos sentimientos confusos si no fuera por el dichoso vínculo!
—¿Confusos? —se preguntó Greyson—. Dudo mucho que estés confundida sobre lo que sientes por mí.
—Sé que el odio es uno de ellos.
Greyson se burló e inclinó una ceja hacia Indianna.
—¿Segura? —susurró, acercándose más—. Hay una línea extremadamente delgada entre el amor y el odio, cielo.
Indianna tragó saliva y no dijo nada. No confiaba en sí misma para hablar teniendo a Greyson tan cerca. Desde que se había transformado, las chispas y los cosquilleos que sentía en su presencia se habían duplicado en intensidad.
—Indianna, no estés enojada conmigo —murmuró Greyson, tomándole la mejilla con la mano. Le giró la cabeza hacia él, y ella volvió a tragar saliva al contemplar sus profundos ojos azules—. Indie, lo siento. Te amo.
Indianna se congeló.
Te.
Amo.
Nunca había esperado que esas palabras escaparan de los labios de Greyson. Cuando lo conoció por primera vez, no pensó que fuera capaz de amar.
Sabía lo que tenía que hacer ahora. Le dolería, pero él estaba en la mente de Indianna. Él sabría sus verdaderos sentimientos. No había forma de ocultárselos.
Indianna se alejó de Greyson y entrecerró los ojos, reuniendo todo el enojo posible.
—No te mereces el amor, Greyson. Te odio.
Indianna había soportado meses en los que Greyson era controlador, grosero y un imbécil, y ya estaba harta. Ella no era una persona conflictiva. Era callada y tímida.
Pero no con Greyson.
Indianna lo miró, esperando su reacción. Sus palabras debieron haberle dolido, pero sabía que, en el fondo, Greyson entendería sus verdaderos sentimientos. No podía ocultárselos.
Su rostro estaba inexpresivo, pero ella se dio cuenta de que no estaba contento. Sus manos se apretaron en puños y apretó los dientes.
—No —dijo, poniéndose de pie abruptamente.
Le agarró el brazo a Indianna y la puso de pie de un tirón.
—¡Greyson! —ahogó un grito ella—. ¿Qué estás haciendo?







