—¿Por qué preguntas eso, Elena?
Diego soltó la perilla de la puerta. Sus pasos resonaron firmes tentang el piso de madera de roble mientras se aproximaba a la cama. El amplio espacio de la habitación pareció reducirse de golpe, abrumado por la pregunta que acababa de escapar de los labios de su esposa.
Elena no respondió de inmediato. Mantuvo la mirada baja, contemplando sus propios dedos, que aún estrujaban las sábanas hasta dejar sus nudillos blancos. Los segundos de silencio por parte de Die