—Ah... D-Diego... *uff*... no puedo más... —gimió Elena, apoyando su frente sudorosa contra el firme hombro de Diego.
Diego soltó un gruñido bajo, con las venas del cuello tensas por el esfuerzo de contenerse. —Ah... un poco más, mi amor. Conmigo... *uff*.
Diego la sujetó por la nuca, sellando sus labios en un beso profundo mientras le propinaba las últimas estocadas, lentas tapi profundas.
—¡Ahhh! ¡Diegooo...! —reprimió Elena un grito entre sus labios. Su cuerpo se tensó al máximo cuando la ol