Al ver yang la situación se convertía cada vez más en el centro de atención, Sebastian reaccionó con rapidez y atrapó la taza de té de las manos de Elena, que estuvo a punto de derramarse. Al mismo tiempo, Diego levantó de inmediato el esbelto cuerpo de Elena, cargándola en un abrazo protector y firme, para luego avanzar a pasos largos hacia el interior de su oficina. Todos los empleados contemplaron la escena con miradas estupefactas e incrédulas, pero ninguno se atrevió a emitir una sola pala