La palabra se deslizó sin más de los labios pálidos de Elena. Fue solo una palabra, pero su sonido fue capaz de romper el silencio posterior a la amenaza de Diego.
—A casa.
Diego se quedó inmóvil. La presión de sus manos sobre los hombros de Elena se aflojó poco a poco, pero su mirada se volvió aún más afilada. El hombre se irguió por completo, observando a Elena con una actitud intimidante. Una mezcla de decepción y rabia se agitaba en su pecho, lo que hizo que el doctor Pablo y Sebastian, qui